06 - Rider: Shaun White - Lugar: Hokkaido, Japan | Foto: Gentileza Red Bull
 
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Big in Japan
Crónica de un viaje
Por BK Mag staff - Marzo 17 - 2010

Les presentamos un relato que mezcla la experiencia de un gran snowboarder occidental en pleno contacto con la milenaria cultura de oriente. Una vivencia imperdible.

 Shaun White acaba de despertarse. California es el único lugar donde las nubes son del tono gris más lúgubre. Todavía es relativamente temprano, alrededor de las 9 de la mañana y los ruidos inconfundibles de una ciudad que se levanta comienzan a fluir entre las ventanas del Chateau Marmont. Dormir es uno de esos hábitos que pueden apoderarse de algunas personas y nunca abandonarlas. Esta mañana Shaun está bajo su absoluto poder. El teléfono no ha parado de sonar durante la última hora y, finalmente, lo encuentra. Diez llamadas perdidas, cinco mensajes de texto nuevos. Nunca se detiene.

Hoy, Shaun está camino al otro lado del mundo: Japón. Más específicamente, una isla en el norte, Hokkaido. Su viaje hasta allí será con el equipo de Red Bull, que incluye a los colegas corredores de Red Bull; Pat Moore, Heikki Sorsa y Zach Leach. Viajan rumbo a los secretos de la leyenda japonesa y esto a Shaun lo entusiasma. Solo nieve en polvo, sin rampa por un tiempo y un buen momento viajando con sus amigos. Pero primero tiene que chequear los mensajes. “¡Vas a perder el vuelo!” dice el último mensaje que lo despertó y lo sacó de la cama en un segundo. De inmediato, pasa al modo viaje, metiendo todo lo que tiene a su alrededor en la valija. Ropa, tablas, equipos, gafas… Sale corriendo por el lobby en un minuto, bolso con tablas a rastras. Prioridad 1: tiene que tomar un vuelo. Va esquivando personas, huéspedes, turistas, a todo el mundo. No hay tiempo para autógrafos. Toma un taxi y sale volando. Llega al aeropuerto donde el gigante United 767 todavía está en la pista como si esperase su llegada. Son las 10:12 a.m. Si esto es un precursor del resto del viaje (y lo es), será un viaje inolvidable. ¡Próxima parada Tokio!


En pleno vuelo

Conocido en todo el mundo del snowboard como la meca de la nieve en polvo, la isla norteña del Japón, Hokkaido, es un lugar donde los que practican snowboard no sólo van para tomar fotos, sino también para que les tomen fotos. Es una transformación de todo lo occidental a una cultura y estilo de vida que ha existido durante más de 10.000 años. Y cuanto uno viaja con este calibre de participantes y se los saca de su entorno habitual, los empieza a conocer más como personas, como amigos. La idea era llegar a Hokkaido y que funcionara. Encontrar la nieve, conseguir la nota y ver el mundo. Mientras comenzamos nuestro descenso para el aterrizaje en Tokio, el capitán dijo que estaba lloviendo, una buena señal de nieve para el norte. La tripulación del vuelo nos dio las habituales instrucciones de aterrizaje de último momento, pero lo que debieron habernos contado ¡es acerca del choque cultural! Era un día completamente diferente cuando aterrizamos en Japón, o más bien un mundo totalmente distinto.


Tokio Hotel

¿Qué se puede decir acerca de Tokio que la deje bien parada? Probablemente nada. Claro,había miles de personas, y extraños que estaban en lo más extraño que jamás hayamos visto. Había mujeres, y había mujeres gato (chicas actuando literalmente como gatos). El clan Yakuza clandestino o un ebrio local malhumorado, no teníamos idea. Por ahora, Tokio seguirá siendo un misterio. Pero nos estábamos yendo, nos íbamos en el primer vuelo a Hokkaido, y atravesando la remota tundra, era como si estuviéramos atrapados en una bola de nieve; era aquí donde el viaje finalmente comenzaba. El Lejano Oriente está aún mucho más lejos cuando has llegado hasta acá. Estábamos exactamente a 7.000 millas de donde comenzó esta aventura. Desde el aeropuerto nuestros colegas finalmente se reunieron en una camioneta, empacaron y cargaron su equipaje; estábamos saliendo hacia un albergue remoto de montaña, enclavado en un área conocida como, “El patio de juegos de los dioses”. Y realmente era el nombre adecuado. Después de tres horas en las zonas más multitudinarias, comenzamos a escalar y tan pronto como estuvimos solos, éramos una única camioneta ascendiendo hacia el olvido. Lo único que veíamos eran copos de nieve durante la subida y al llegar a la cima nos dieron la bienvenida con una ventisca, si se le puede llamar así: nieve, pescado, calamar, volcán. Desorientados y despeinados, el albergue Ryounkaku sería nuestro hogar durante a semana siguiente. Las camas no eran camas, eran pequeñas mantas en el piso, el baño era un arroyo caliente geotérmico, donde ducharse consistía en sentarse sobre un balde ante la mirada de un muchacho japonés. El baño estaba en el piso. Era extraño, pero estaba bueno. Por lo menos era diferente.


¡A trabajar!

Nos despertamos la primera mañana ante una visión que me dio la intensa inspiración para componer algún tipo de música clásica. Las montañas eran orquestales, en forma de herradura, penetrando un amplio valle y rodeadas por un volcán activo. Parecía que el albergue era la única construcción, en la cima del fin del mundo. La nevada de la noche anterior nos había dejado una capa fresca de alrededor de tres pies y todos estábamos listos para salir. Las mañanas eran de preparación con un entrenamiento modelo y ajustándonos nuestros zapatos de nieve, los que rápidamente se convirtieron en una de las partes más preciadas del equipo. De aquí en adelante, ¡caminamos para todo! Cuando Pat, Heikki, Shaun y Zach llegaron a la zona alpina, el sol se asomaba entre las nubes y todo se iluminaba. El jet-lag había desaparecido; el pescado loco nadando en nuestros estómagos se había acomodado; el momento: ¡impresionante! Todo el viaje, todo el tiempo, toda la planificación, literalmente era el momento perfecto. En cuanto a las multitudes, estábamos sólo nosotros. Sin cuerdas para evadir, sin límites, solo la nieve más ligera del mundo y sólo amigos para compartirla. Durante la semana siguiente, el equipo de Red Bull investigó, creó sesiones y caminó por todo el “Patio de juegos de los dioses”. Caminamos por lugares que parecían nunca haber sido pisados antes. Paseamos por zonas donde no hay palabras para describirlos. Fue un enorme esfuerzo, un trabajo duro, pero, en realidad, no fue un trabajo. Para la mayoría del equipo, la temporada a esta altura había sido muy larga: competencia, viaje de filmación, competencia, viaje de filmación. Practicar snowboard se había convertido en una rutina, hasta Japón. Pero la vida bajó su ritmo en la Isla del Norte. Pronto volveríamos al mundo real. A las llamadas telefónicas y los correos electrónicos y a las novias y auspiciantes, a todo ese bullicio. Está bien, así es la vida, después de todo.
Pero poder salirse, interactuar y abandonar la locura por algo tan puro como divertirse en el medio de la nada con tus amigos es una sensación que te toma por sorpresa pero que, al final, te recompensa con algo enorme. El único problema es que después de haber vivido un sueño, la realidad puede parecer demasiado real.


Shaun White

¡Shaun fue 27 veces a Japon! Pero nunca antes había podido salirse de la ruta tradicional y experimentar lo que ese país tiene para ofrecer. Todos los días caminaba, limpiaba la nieve, empacaba las botas y transpiraba por el bien del equipo. Fue una experiencia de aprendizaje. Cómo leer una montaña, cómo juzgar un aterrizaje, estas son cosas que las competencias en rampa no te enseñan. Shaun se probó a sí mismo ahí afuera. Convirtió a su impulso competitivo en aterrizaje en polvo, lanzamiento al aire desde los precipicios y confianza en sus amigos. En la era de los helicópteros, vehículos para la nieve y embarcaciones privadas, ¡probablemente, el mejor snowboarder del mundo ha paseado su físico por todos lados! Realmente tomarse dos semanas fuera de este alocado año para caminar con zapatos de nieve en las afueras de Japón, trabajando mucho para conseguir una toma todos los días significa algo muy importante. Shaun se tomo a sí mismo y se desconectó. “¡Esta es la nieve más profunda que haya pisado!” comentó.

 
 
 
 
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